Skip to content

EL PUENTE & EL VIENTO

El ciclista subía la cuesta con el resuello tranquilo de quien conoce bien el camino. El aire de montaña le mordía las piernas, la tarde se apagaba rápido, el cielo empezaba a hundirse detrás de las lomas. A la distancia vio una figura recortada del otro lado de la baranda del puente, quieta, inclinada hacia el vacío. Pensó que sería algún turista tomando fotos, aunque ahí y de esa manera nadie tomaba fotos.

A pocos metros redujo velocidad. La figura no se movía. El ciclista frenó y apoyó un pie en el asfalto, dejó descansar la bicicleta en la baranda del lado de la carretera.

—Todo bien, amigo?

El hombre al otro lado no lo miró. De espaldas a la carretera y a la baranda, su cuerpo inclinado como si escuchara algo en el fondo del abismo. Tardó un segundo en responder, cuando habló sonó casi entusiasmado.

—Voy a volar.

El ciclista parpadeó, sin alarmarse. Se acercó cauteloso, curioso, como quien escucha algo inesperado a mitad de un paseo.

—¿Cómo dijo?

—Voy a volar —repitió el hombre, esta vez con un tono casi alegre, como si hubiera estado ensayando esa frase desde hacía meses.

No había desesperación ni temblor en su voz. Tampoco miedo. Únicamente convicción pura. El ciclista  se aproximó a la baranda para mirar el hueco enorme del cañón, el río al fondo, la sombra que crecía sobre el agua. Hizo un gesto leve, no de sorpresa, sino de alguien que intenta entender qué tipo de conversación está por iniciar.

—Ah. Bueno.

Cañon del Virilla
5 2 votos
Calificación Artículo
Subscribirse
Notify of
3 Comentarios
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios
3
0
Nos encantaria leer su opinión, porfavor comente.x