LA SEÑORA KOROLENKO
La lluvia golpea con furia el techo, pero la señora Korolenko huele a calma: rocía perfume al aire y se deja envolver por su propia ilusión.
La lluvia golpea con furia el techo, pero la señora Korolenko huele a calma: rocía perfume al aire y se deja envolver por su propia ilusión.
Conocí a Martín Campos el año pasado, y desde entonces hemos tenido una conversación que se abre y se cierra con palabras que, más que escritas, parecen arrancadas de la tierra misma. Lo curioso es que vive muy cerca de donde yo crecí hace ya mucho tiempo, en un territorio de rincones y memorias que hoy, si los describiera, sonarían a pura fábula.