Esas últimas cuartillas las escribí con una extraña sensación premonitoria. Me imaginé una caricatura donde los candidatos eran animales que producían sus característicos sonidos en medio de un escándalo, y entre maullidos de gatos y rugidos de jaguar, los ciudadanos debían escoger al animal que más bulla hacía.
Las aguas se amansaron semanas más tarde, el proyecto del “Combo del ICE” se engavetó para reaparecer años después bajo una nueva e infalible y estratégica política, más democrática y pacífica, a prueba de manifestantes y bloqueos.
El miembro de la Federación de Estudiantes que actuaba cual siamés del diputado Merino, de apellido Villalta, se ha movido desde entonces hasta hoy de uno a otro puesto político. Fue asesor en la asamblea legislativa en varios periodos, también llegó a ser diputado y hasta candidato a la presidencia de la República. No le conozco ningún otro oficio.
Al final del semestre el ensayo aún no veía la luz. La noche antes de la entrega las dudas me bloqueaban por completo: ¿Mis cuestionamientos al sistema democrático podrían enlazar mi discurso con los argumentos de los detractores que buscan sembrar el odio para su beneficio? Eso sería muy desafortunado, pues más bien quiero ir más allá, decir que los que se proclaman salvadores solo están aplicando la misma estrategia para acceder al poder, convirtiendo el sufragio en una banalidad mercantil.
Por otro lado, ¿es que acaso no es posible emitir cualquier juicio político sin que necesariamente tenga uno que encasillarse en un extremo ideológico? ¿Es posible hablar de ideologías políticas hoy en día, o serán triquiñuelas viscerales para mover voluntades en busca de popularidad?
¡Por la gran puta! Sí estoy cuestionando la democracia.
Tiré el documento del ensayo a la papelera de reciclaje, para que no ocupara mucha memoria en mi Pentium II y comencé a escribir un nuevo proyecto.