La farsa del sistema electoral
Conocí a un tipo normal, cada 4 años entregaba el voto en una caja de cartón, ahí encerraba todos sus ideales sin cuestionar si cabían en tan reducido espacio. Un día despertó muy cansado de la farsa del sistema y dejó de creer en quienes lo manipulaban. Había reunido demasiada evidencia.
Primera evidencia: su preferencia la marcaba con el dedo pulgar y su huella digital, luego con un lapicero y después con una crayola. No se advertía que una tinta o material de impresión congelado podía desprenderse después de su supuesto anclaje sobre el papel.
Segunda evidencia: la propuesta electoral debía emitirse en secreto y para eso había que caminar distraído entre los pabellones de aquella bella escuela donde una vez se fue feliz. El montaje era un golpe a las emociones.
Tercera evidencia: a ese vulgar pedazo de celulosa le cabía cualquier mentira y luego un tribunal prepagado, lleno de excelentes actores validaban a un representante para la ejecución de un sueño colectivo que nunca se materializaba.
Cuarta evidencia: de hecho el sistema y los medios comunicación masiva escondían detrás de ese papel una mentira abominable. Los pocos intérpretes de un sueño colectivo eran los mismos que lo asumían y tomaban a los votantes del pelo sin cumplir ni media promesa.
Después de 16 años logró sacar de esa caja, cárcel de sueños, todos los papeles que un día metió y que hicieran prisionera hasta su mente, una larga espera, en un intento valeroso se maltrató el brazo entero, toda su piel desde la yema de los dedos hasta la axila, hubo resistencia.
Para la siguiente elección dejó de visitar las urnas, teniendo claridad sobre el teatro que lo había victimizado por dos décadas, golpeó con fuerza la caja negra del engaño, lluvia de cristales y plasma sobre el suelo, suficiente tiempo para comprender que se trataba de una pesadilla.
Se sintió libre y caminó alegre hasta encontrar una pared que detuvo su caminar, la rompió a puño cerrado y descansó. Al día siguiente se vio dentro de otra caja más grande, su voluntad de caminar y romper barreras durante varios días ejercitó su cuerpo: piernas, torso, brazos y cuello. Pausaba pocos segundos viendo la basura, pero no tenía sentido quedarse a limpiar, giraba la espalda y continuaba su caminata erguido.
Fuera de la que pensaba era su última caja, escuchó unas aves: -no votes en vano, ellos son menos y temen que te enteres de su plan-. Más abajo y en picada trinaban otra vez: -has como si no supieras nada y abre la otra caja, ten cuidado esa es de cristal-.
Salió de su propio sueño tres veces hasta comprender con tristeza la partición entre lo falso y lo verdadero. Al final del camino, muy cansado quiso tender su cuerpo por un rato hasta el día siguiente. En la madrugada quiso levantarse y no pudo. Veía las aves, pero ya no las oía, abrió sus ojos y estiró las manos buscando el calor del sol hasta tocar una caja de madera sólida.
Sus amigos y familiares lo habían encerrado, su alma dejó el cuerpo sin tiempo de despedidas. La última vez que lo vi estaba en una foto vieja, desteñida y con poco contraste entre el blanco y el negro, era como si el proceso de revelado hubiera ocurrido hacía mucho tiempo. Supe que era él por la suciedad de sus botas.
Giré la foto y en su reverso encontré que la plata del proceso de revelado había formado un espejo, vi mi cara con asombro y me dije -no es tarde para contar el sueño a los niños-, quise volver al detalle de la foto y ya no había nada.