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GRANDES INFELICES PODCAST

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Los rostros de Grandes Infelices: las luces y las sombras de grandes autores.

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GRANDES INFELICES PODCAST

Radio Pachuko · 15 Junio 2026 · 5 min lectura

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Grandes infelices podcast — narrado por el autor
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Grandes Infelices: raros que escriben, para raros que escuchamos

Todo empezó con un mensaje de WhatsApp. Piro Soto compartió en el grupo del INSTITUTO QUANTICO COSTARRICENSE PARA LA INVESTIGACION INTERDIMENSIONAL, un cuento de Roberto Bolaño, “El policía de las ratas“, y lo piropeó tanto que daba desconfianza: cuarenta y cinco minutos de lectura… ¡para un cuento! Yo de Bolaño no había leído una sola línea, y ahí quedó sembrada la espina.

Me puse a buscar información sobre el autor en DuckDuckGo (en Google no confío: me parece demasiado sospechoso) y de paso andaba cazando un podcast de literatura que no fuera la típica crítica, esa que lo sobreintelectualiza todo y eleva las cosas más sencillas a niveles incomprensibles. Pareciera que el objetivo de esa gente es espantar oyentes en lugar de atraerlos. Entonces apareció un nombre que me detuvo en seco: Grandes Infelices. Con semejante título, ¿para qué leer la descripción?

Javier Peña sentado frente a un micrófono y una consola de audio, grabando el podcast Grandes Infelices.
Javier Peña, credor: Grandes Infelices Podcast

Adentro me esperaban treinta y cuatro episodios — ojalá cuando ustedes lean esto ya hayan publicado uno más —. Es un podcast de Blackie Books, creado, dirigido y narrado por el escritor Javier Peña, y cada capítulo recorre la vida y la obra de un novelista: las luces, sí, aunque sobre todo las sombras. Mi método fue simple: empezar por los que nunca había leído. Primero el finado Fiódor Dostoievski (pobrecito, qué vida la que se construyó). Luego María Luisa Bombal: buena para tomar guaro y peligrosa sobria y borracha. Después Fernando Pessoa, un titán, raro y loco como todos los escritores, que nos dejó en “Tabaquería” semejante arranque:

No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Esos versos me alcanzaron caminando por San Pedro con mis perros, y pensé: eso soy yo.

Por mucho tiempo nos pintaron a los grandes autores perfectos, impolutos, sin negros ni grises. Este podcast los devuelve a la tierra: gente con deudas, con enfermedades, con tragedias encima, que aun así logró crear las obras que creó. No es que me consuelen sus desgracias; me llama la atención lo humanos que eran. Ahí está Horacio Quiroga, de quien recomiendo el cuento “A la deriva”: al escuchar su vida uno entiende por qué escribía lo que escribía, además de descubrir que era tremendo desgraciado (eso es otra historia). Se necesita ser bastante raro para querer inventar historias: levantar cuentos, novelas, versos donde antes no había nada. Yo soy raro, siempre lo he sido, soy consciente de ello. ¿Y cómo no, si vivo en un mundo todavía más raro que yo? En semejante universo, mi actitud es la normal.

Hasta que llegué al episodio catorce: Roberto Bolaño. Con él me pasó algo distinto. Me identifico con la forma en que la vida y sus alrededores le aplicaron restricciones — a mí también me las aplicaron: el barrio, la escuela, el colegio —, y lejos estoy de haberme convertido en todas las estupideces que pronosticaban los viejos putos del vecindario y las hijueputas madres de casi todos los compañeros con los que fui a la escuela y al colegio. Y luego, el personaje: un hombre que le huía al doctor tanto como le huyo yo, que se encerró a escribir y dejó catorce mil páginas, que publicó más obra muerto que vivo. Libros de seiscientas páginas, de mil, de capítulos que son ladrillos enteros. Terminé el episodio y caí en el agujero: entrevistas suyas en YouTube, en Spotify, una tras otra. Y que quede claro: lejos estoy de ser como Bolaño — jamás, por favor —. Eso sí: ¿a quién no le hubiera gustado ser la mitad del escritor que fue Roberto Bolaño?

Hoy encontré “Los detectives salvajes” en audiolibro. Lo descargué, me preparé para una caminata: teléfono al bolsito, reloj listo — botón superior izquierdo, cronómetro, mismo botón, iniciar —, correas para los perros y play al relato. A las ocho de la mañana empezamos el patrullaje. Terminé a la una de la tarde: cinco horas de una sentada, y eso que es apenas el principio. El poeta García Madero, Ulises Lima, Piel Divina, el tocadiscos del papá de las poetas… Lo volvería a escuchar mañana mismo.

Por eso les recomiendo Grandes Infelices. Yo me considero uno de ellos, un gran infeliz — no por buen escritor: más tirando a gran hijueputa —. Lo van a disfrutar. Y de paso les dejo los dos caminos del agujero: el episodio dedicado a Bolaño lineas arriba, recomendadísimo y el audiolibro oficial de “Los detectives salvajes”, publicado por la propia editorial y disponible gratis en Spotify. Correas, cronómetro, play. Nos vemos del otro lado.

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