por Valdo J. & Piro S.
Un día cualquiera, un amigo mío —muy marihuano, aunque se esfuerza en esconderlo como si fuera un secreto de Estado— me reenvió un audio. No era suyo: se lo había mandado otro amigo, a quien también conozco. En ese audio, entre risas y divagues, se hablaba del atraso de un vuelo muy particular: Cannabis Airlines. Lo decía porque estaba, literalmente, perdido en el viaje, tanto del vuelo comercial como en el de la planta…. con un delay que lo haría llegar tarde a destino.
Ese juego de palabras me explotó la cabeza. No era solo una ocurrencia graciosa: sonaba a nombre de marca, a concepto con alas. En mi inocencia, pensé que en Costa Rica podía convertirse en algo único, con éxito asegurado.
CANNABIS AIRLINES EP. #1 | 8 OCTUBRE 2021
Lo vi de inmediato como algo mucho más grande que un chiste interno entre compinches. Para mí Cannabis Airlines tenía todo pa convertirse en una marca seria: gorras de altísima calidad, parches, accesorios de skate que no tuvieran nada que envidiarle a lo gringo, y un podcast que se atreviera a hablar de la planta sin miedo ni mojigatería. Incluso más allá, lo soñé como un futuro espacio en el campo de la salud, porque sigo convencido de que el cannabis tiene un lugar legítimo ahí, muy lejos de la caricatura del fumón eterno que consume por consumir.
No se quedó en el aire. Se mandaron hacer gorras de primera, con bordados impecables que cualquiera que las tenga puede confirmar. Se produjeron parches, lijas estampadas y hasta roles ABEC 9 de altísimo nivel, de la misma calidad —o incluso mejores— que los que venden las marcas extranjeras que tanto idolatran en este país. A la par de eso se lanzó el podcast: Cannabis Airlines, serial que consta de ocho episodios y cuyo piloto todavía hoy figura entre los once más escuchados de todo MAP RADIO, espacio que tiene doscientos cinco programas.
GORRAS CANNABIS AIRLINES
En papel, todo sonaba prometedor: un concepto fresco, una marca con productos tangibles y un espacio para conversar sin censura sobre una planta que ha existido tanto o más que la humanidad.
En paralelo, la película en Costa Rica era la misma de siempre. Cuando la gente soñaba con una legalización al alcance de la mano, el MAG entregaba el primer permiso de cultivo al Ingenio Taboga S.A., con 150 hectáreas en Bebedero de Cañas, Guanacaste. Nada nuevo bajo el sol: la jugada quedó en manos de los mismos apellidos de siempre, los que se reparten la tierra y el negocio a placer.
Pero una cosa es la ilusión y otra la realidad. Pronto entendí que en Costa Rica hay obstáculos más pesados que cualquier turbulencia. La mojigatería eterna: esa doble moral que consume a escondidas, pero que en público prefiere hacerse la santurrona. Y un snobismo canábico, que me parece todavía más pesado que el de la escena skate. Esa obsesión con lo gringo, lo importado, es más, se atreven a sostener términos absurdos, como cuando se les escuha hablar de la Rino Punto Kripy. ¿Será que ignoran, aquí mismo en Costa Rica tenemos tierra fértil para producir cannabis de sobra y con una calidad indiscutible?
El consumidor cannábico promedio no tiene idea de lo que está fumando. Estudios sobre la marihuana que circula en el mercado negro han revelado hallazgos sorprendentes: presencia de orina, hongos y ácaros. La manipulación del producto es pésima, parece que poco importa comprender algo sobre el tema. Muchos hablan de la “jamaiquina” sin saber que casi siempre viene de México o de Colombia.
Ese es el panorama de lo más popular —la flor que se fuma—, pero la confusión también rodea a los aceites importados y a los que recientemente se legalizaron porque contienen únicamente CBD. Aceites que, sin THC, poco aportan. Aun así, se habla de esas dos moléculas y de la descarboxilación como si no existieran otros cannabinoides. La mayoría no distingue entre resina y terpenos, compra sin cuestionar esos vapeables que no son más que venenos de la perfumería cannábica moderna. Investigaciones han confirmado que son tóxicos, porque al calentarse sus emulsificantes naturales forman peróxidos altamente dañinos.
En resumen: fuman, pero no cultivan. Y al no cultivar, no tienen idea de qué consumen ni del impacto real que puede tener en su salud.
Ahí es donde el proyecto empezó a flaquear. Hay que ser honestos: puede que la comunidad cannábica nos ignorara, pero también nosotros fallamos, no supimos cómo llegarles ni estar en los espacios donde se reunían con más frecuencia para mostrar nuestro trabajo. Y, al mismo tiempo, teníamos claro que buena parte de esa comunidad prefiere ponerse una gorra o camiseta con frases en inglés que una con un logo que defienda el consumo con sentido. Más fácil seguir la moda de afuera que darle valor a algo concebido en nuestro país sin importar que lo produjeran las mismas fábricas que producen las marcas de allá, de los Establos Unidos. Generamos productos con calidad real y una propuesta clara.
Ahí está la gran lección: un producto bueno no basta para despegar. Podés tener gorras de primer nivel, roles ABEC 9 que compitan con cualquier marca extranjera, un podcast con ideas frescas y hasta un logo inspirado en una aerolínea clásica de los años 50s, que donde se muestre llama la atención… si alrededor no existe un ecosistema cultural que lo sostenga, la cosa no vuela.
CANNABIS AIRLINES - KAMPO ELIAZ | 2023
En Costa Rica lo auténtico suele perder contra lo cómodo y esto vale no sólo para la música, el arte o las patinetas, un tema muy discutido y que también nos hemos dado la tarea de exponer en MAP, llegando incluso a la televisión nacional.
La mediocridad y un disfraz importado pesan más que un proyecto hecho con cariño, visión y calidad. Es más fácil consumir por consumir que detenerse a pensar en lo que significa apoyar algo distinto y muy bien construido. Cuando falta el consumo local aparece un vórtice de miseria, y cualquier intento por darle un sentido al consumo —ya sea desde lo medicinal o lo cultural— termina reduciéndose a lo mismo: reforzar el vicio.
Con el tiempo me quedó esa sensación agridulce: la de haber tenido entre manos un proyecto con alas, pero atrapado en tierra por falta de viento. Hoy me pregunto todavía qué es Cannabis Airlines. ¿Un podcast que logró colarse entre los más escuchados de MAP RADIO? ¿Una marca de gorras y accesorios de skate que se venden, sí, pero despacio, como si tuvieran todo listo para despegar pero aún no logran soltar el peso que las mantiene ancladas a la pista? ¿O una futura empresa de salud que espera su momento?
Tal vez Cannabis Airlines sea todo eso al mismo tiempo: un podcast con chispa que no debería dormirse, una marca que camina lento pero firme, y un recordatorio de que ningún proyecto despega solo con calidad. Le hace falta más músculo: imagen, video, narrativa, constancia. No para caer en la trampa fácil de la “chota tica”, esa que convierte cualquier idea en un vacilón pasajero, sino para mostrar que aquí también se puede hablar en serio de cannabis sin pedir perdón ni permiso y mucho menos sin bajar la voz o cabeza para tocar el tema.
Cannabis Airlines no está muerto: sigue respirando en cada episodio de MAP RADIO, aunque a veces parezca conectado a un respirador. Está vivo como un latido testarudo, esperando su segundo aire. Y si un día despega de verdad, no será para sumarse al ruido del consumo vacío, sino para insistir en los motivos que le permitieron ver la luz: hacer las cosas bien, con respeto, con calidad y con sentido.
Aprendamos a consumir localemente, apoye al agricultor costarricense, no acepte intermediarios. Un avión en tierra no deja de ser avión: solo espera la pista y el viento correctos.