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CRÓNICA PROSPECTIVA

Equinoccio de marzo del año dos mil treinta y tres (un septenio después del punto de inflexión).i
Tras estos siete años en que he caminado conscientemente hacia el crecimiento de mi ser, en
compañía de mi amada familia, mis ancestros y los grandes amigos que he cultivado; ahora que
he desarrollado las herramientas para sostener esta vivencia diaria.

Casa antigua de piedra con jardin frontal y ventanales amplios, asociada a un recuerdo de infancia y a una tarde que marco un quiebre emocional

La tarde en que la alegría se volvió miedo (1966)

El niño venía caminando con el corazón encendido. Tenía cinco años, una edad en la que la vida cabe completa en una tarde de juegos. Avanzaba feliz, radiante, casi brincando. En la cabeza traía mil cosas para contar: la casota enorme, los ventanales brillando como espejos al sol, los cuadros del abuelito español —médico y farmacéutico, también pintor—, la merienda, las risas y, sobre todo, el descubrimiento más grande de todos: un amigo.