Que josé maría villalta haya sido quien trajo a Juan Carlos Monedero a la Universidad de Costa Rica no es un dato menor. Monedero no vino como un académico neutral, sino como el ideólogo de varias de las leyes que hundieron a Podemos en el descrédito.
villalta lo conoce, lo respeta y lo presenta como referente. ¿Casualidad? Difícil creerlo. En el fondo, lo que monedero promovió en España es lo que sectores del Frente Amplio ya intentan replicar aquí. No es teoría: la diputada priscilla vindas presentó un proyecto que buscaba permitir a menores de edad “cambiar de sexo” sometiendose a hormonizacion y cirugías sin consentimiento de los padres.
Si esto ya se intentó en Costa Rica, ¿qué podemos esperar cuando el referente político de Vvillalta es alguien que convirtió a España en un laboratorio de leyes improvisadas? ¿Será que vVillalta quiere regalarle a nuestro país el mismo desastre que monedero le regaló al suyo?
Todo este recorrido —de Crucitas al fiasco de los transgénicos, de la Ley de Usura al desfile de monedero y los experimentos fallidos de Podemos— dibuja un mismo patrón: la política de pose. villalta y el frente amplio convierten cada crisis en un escenario, cada problema en una bandera, cada error ajeno en una oportunidad para la consigna. Cuando se revisa el saldo real, no hay soluciones duraderas, solo la repetición de un guion que se alimenta de mantener los conflictos abiertos. Es aquí donde se entiende mejor qué significa ser un político profesional en el peor sentido del término.
josé maría villalta es el epítome del político profesional: alguien que vive de la consigna, no de la solución. Sus “logros” legislativos son como tiros fallados en un partido interminable de basketball: mucho intento, poca efectividad, y cuando mete la bola —como con la Ley de Usura— termina hundiendo más al equipo que al rival.
En el campo ambiental, la gran cruzada del frente amplio contra Crucitas quedó como símbolo de la incoherencia: se frenó la minería industrial, pero sin una alternativa real se dejó la zona en manos del crimen organizado y el mercurio. En agricultura, su discurso contra los transgénicos convive con un marco legal que castiga al campesino mientras abre portillos a las multinacionales. En el plano internacional, su apuesta por referentes como monedero y podemos conecta al frente amplio con modelos que terminaron en descrédito, corrupción y leyes fallidas.
En resumen, villalta no representa una alternativa, sino un producto: un político de vitrina que necesita causas eternas para seguir en campaña siempre. Su vocación no es resolver problemas, sino administrarlos como combustible para su propio personaje. En este guión, cuanto peor le vaya al país, mejor le irá a él. Un político profesional de manual: eficaz para sí mismo, inútil para los demás.