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Con Bernabé y Sebastián descubrí a Rodolfo Arias y su primera novela, El Emperador Tertuliano y la legión de los superlimpios. Me llamó la atención escuchar esa novela en boca de ellos, porque no hablaban de una obra sostenida sobre estructuras innecesarias ni sobre datos puestos para extraviar al lector o marcar distancia.
