La experimentación literaria
Escuchar a Gerardo César Hurtado hablar del cuento es entrar a un taller invisible donde cada palabra pesa. Recuerda a Horacio Quiroga y sus reglas, a Borges y su recomendación de “final feliz” para un cuento. Cortázar y su capacidad de abrir la puerta a lo fantástico en lo cotidiano. Para él, el cuento es un reto de precisión: debe tener exposición, desarrollo y un final que sorprenda, que deje al lector en una orilla inesperada. En sus palabras, el cuento “es circular, como el destino de Edipo”, y por eso necesita una estructura simple pero contundente.
Si el cuento exige precisión, la novela en Hurtado es territorio para la exploración. Sus obras son polifónicas, fragmentarias, habitadas por personajes que reaparecen en distintos libros, como si su mundo narrativo fuera una gran constelación. Esa complejidad —a veces vista con recelo por la crítica— no es un capricho, sino una manera de reflejar realidades múltiples, entrelazadas como las hebras de una trenza. En Así en la vida como en la muerte, por ejemplo, las manifestaciones políticas contra ALCOA conviven con historias íntimas de adolescentes, en un relato que cruza lo político con lo poético.
No es casual que Hurtado vea la narrativa como un terreno fértil para la poesía. Su escritura rompe diques: lo narrativo se tiñe de imágenes líricas, lo real se abre a lo mítico, y la experimentación formal se convierte en un modo de entender la literatura no como producto, sino como búsqueda. Su obra no busca ser cómoda ni transparente; busca ser necesaria.
El legado y la conversación en Luján
La literatura de Gerardo César Hurtado no puede separarse de su vida, ni de Sara Guevara, su compañera desde la infancia y con quien comparte cinco décadas de matrimonio. Ella estuvo presente esa noche, con la serenidad de quien ha acompañado cada libro, cada borrador y cada desvelo. Entre ambos se percibe una complicidad que atraviesa tanto lo doméstico como lo literario: un sostén invisible que también forma parte de su obra.
En su casa de Barrio Luján, Hurtado no solo repasó anécdotas y títulos; compartió una lucidez intacta. Habló de cuentos y novelas como quien abre el cuaderno de su taller, recordando a los autores que lo marcaron, deteniéndose en pasajes que revelan su manera de entender la escritura: siempre como exploración, nunca como fórmula.
Lo vivido aquella noche fue más que una entrevista. Fue una clase magistral, un repaso íntimo por la memoria viva de nuestra literatura y una invitación a escuchar con calma a uno de sus grandes narradores. Queda el registro sonoro, que ahora compartimos aquí como archivo y como celebración.