CONTRATO DE DOMINGO (EN DESARROLLO)
El hombre no era un cura cualquiera. Había nacido fuera de San José, en una casa sencilla donde la palabra valía más que los papeles. Estudió filosofía y teología en el extranjero, regresó con un…
El hombre no era un cura cualquiera. Había nacido fuera de San José, en una casa sencilla donde la palabra valía más que los papeles. Estudió filosofía y teología en el extranjero, regresó con un…
Soy Clotilde y el agua ha sido mi metrónomo. Cada madrugada la pila aparece llena hasta el borde, espejo gris donde flotan hojas secas y un mosquito sin alas. La señora…
El viernes 13 de diciembre fue el principio del fin para Carlitos. Lo que debía ser su gran resurrección como periodista, con audiencias globales y medios internacionales pendientes, terminó en un fiasco tan monumental que lo convirtió en objeto de burla mundial.
Carlitos estaba pasando por su peor momento. En su tiempo, había sido uno de los grandes nombres del periodismo costarricense. Su pluma había desenterrado verdades incómodas, y su presencia en televisión había marcado una era de excelencia periodística.
Nunca me cayeron bien. Nunca me hicieron gracia. Eran los únicos que no me ignoraban.
Los otros niños del barrio —los que parecían salidos de alguna foto familiar de almanaque— no me hablaban. Me miraban de lejos como si mi sola existencia los ensuciara. No sé si era por mi ropa, mi forma de hablar, o simplemente por existir.
Fue lo primero que pensé cuando terminó el colegio. Así, con todas las letras y el corazón a media asta. No lo grité ni lo deje escrito en ninguna libreta; solo lo pensé, y por…
Genaro dejó la cafetera italiana sobre el disco de la cocina, a fuego muy lento. El olor del café empezaba a colarse en la casa. Afuera, una atípica lluvia de diciembre golpeaba los techos de zinc. Eran casi las seis de la tarde, una semana antes de Navidad.
Tenía once años y una condena de seis en la escuela Joaquín García Monge. Estaba cumpliendo el último año de la sentencia, sexto grado, la recta final antes de salir del presidio con diploma y foto grupal incluida.
El martes debía estar en La Uruca para grabar un podcast. No como productor ni como técnico. Esta vez me tocaba a mí, frente a la cámara. No me sentía del todo cómodo con eso, ya había dado mi palabra. No podía faltar.
Pedaleando cuesta abajo hacia el súper, Genaro repasaba algunas de sus costumbres más viejas. Hace más de cuarenta años había tomado la decisión de bañarse solo con agua fría.