ANDOLFO SANTA TECLA
En 1983, Centroamérica era un mosaico de trincheras que ardía en conflictos, explosiones y gritos sofocados. Entre barracas y conspiraciones, un nombre era mascullado con reverencia y miedo: Andolfo SantaTecla, matemático brillante y carismático originario de un pequeño pueblo cuyo nombre era tan olvidable como los discursos del régimen. Andolfo no solo había resuelto las ecuaciones que daban forma a su vida, sino también los problemas de los pequeños comerciantes y campesinos, enseñándoles matemáticas básicas para subsistir en tiempos tan convulsos.









