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Ilustración tipo póster de los años 80 con los personajes de El Emperador Tertuliano y la legión de los superlimpios

ET

Con Bernabé y Sebastián descubrí a Rodolfo Arias y su primera novela, El Emperador Tertuliano y la legión de los superlimpios. Me llamó la atención escuchar esa novela en boca de ellos, porque no hablaban de una obra sostenida sobre estructuras innecesarias ni sobre datos puestos para extraviar al lector o marcar distancia.

Cabezas de maniquí numeradas en blanco y negro, utilizadas como metáfora visual sobre identidad, repetición y pensamiento crítico

Gatos, Ratones & Ruido Político

El episodio con Sebastián Potenzoni nació con una intención clara: conversar con calma sobre su vida, su obra y su recorrido. Ahí el podcast encuentra uno de sus momentos más sólidos.

Casa antigua de piedra con jardin frontal y ventanales amplios, asociada a un recuerdo de infancia y a una tarde que marco un quiebre emocional

La tarde en que la alegría se volvió miedo (1966)

El niño venía caminando con el corazón encendido. Tenía cinco años, una edad en la que la vida cabe completa en una tarde de juegos. Avanzaba feliz, radiante, casi brincando. En la cabeza traía mil cosas para contar: la casota enorme, los ventanales brillando como espejos al sol, los cuadros del abuelito español —médico y farmacéutico, también pintor—, la merienda, las risas y, sobre todo, el descubrimiento más grande de todos: un amigo.

LA SEÑORA KOROLENKO

Maya Korolenko acababa de llegar a casa. Dejó la bolsa sobre la mesa del comedor, junto al bowl de madera viejo y alargado que sostenía las frutas del adorno, y encendió el televisor. Un presentador agitaba la voz: el barrio Dent estaba bajo el agua. Mostraban a un joven encaramado sobre el techo de su carro, el agua casi cubría por completo las ventanas, los bomberos tratando de alcanzarlo.

Hombre mayor con sombrero bebiendo de una botella de licor, retrato en blanco y negro.

Análisis unidimensional-multifactorial de la cerveza perfecta

por Bernardo Soto

A veces las unidades de una dimensión dejan de ser importantes. No me da pena aceptarlo siendo ingeniero con un par de maestrías: antes de llegar a esta conclusión tuvieron que pasar 40 años de investigación y ensayos clínicos (en los que he sido conejillo de indias por voluntad propia, movido por el mero interés científico).

Acerca de las causas perdidas

Acerca de las causas perdidas o, mejor dicho, empresas absurdas.
Una vez acabada la escucha del episodio «podcastiano» que inmortaliza la tertulia en torno a los distintos ímpetus, fines y pertinencias que supondría desentrañar, recabar, auscultar y, a modo de desembocadura, editar —ojalá para la posteridad— la obra «Povediana», el último sorbo de café